sábado, 30 de abril de 2011

Angélica

Con dulces, chocolates, piñatas y una paleta Payaso recordamos el Día del Niño. Durante todo el mes los niños esperan con ansia el día en que sus papás les dan un juguete, un dulce o algo de atención; los que somos un poco mayores somos invadidos por la nostalgia de aquellos días que disfrutabamos brincando bajo la lluvia, embarrándonos de lodo o espagueti, lanzando pelotas y rompiéndo uno que otro florero y haciéndo batallar a los adultos.


Todas esas cosas, todas esas travesuras y caprichos, los berrinches, ya han pasado y, quizás, ya hasta han sido olvidadas por mis padres y abuelos. No he olvidado los globos, las burbujas, los peluches, las caricaturas, las fiestas, los payasos, los magos, los amigos, la comida, siguen presentes en mi vida y sigo divirtiéndome con todos ellos; siguen asustándome los ruidos, las sombras, las brujas, los fantasmas, el compromiso, los gritos… aún duermo con mi oso de peluche, aún juego con perros desconocidos (y jamás me ha mordido alguno).




Las salidas con amigos han cambiado, dejamos la cuerda por averiguar quién puede tomar más cervezas, olvidé las muñecas y ahora veo algunos muñecos en la calle que bien puedo devorar con miradas. Pero todavía me siento como princesa, para mi papi todavía soy “la niña de sus ojos”, todavía juego bajo la lluvia… y todavía me deleito con una paleta Payaso de vez en cuando.

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