martes, 28 de abril de 2009

Claudita


Nací en San Luis Potosi el 17 de febrero de 1969. Crecí en una familia pequeña y mi niñez transcurrió de lo más recto que se puedan imaginar. Aunque ustedes no lo crean, es en serio, de veras: estudié desde el kinder hasta la secundaria en un colegio de monjas, en el Instituto Hispano Inglés, exclusivo para puras niñas aunque, bueno, mi salida de ahi fue por causa de mi mal comportamiento, el cual me llevó a estar en dos escuelas de nivel superior como el Tec Regional, donde me aventé año y medio en Turismo, hasta que me decidí a llegar a la Autónoma a ciencias de la comunicación, de donde tengo los más lindos recuerdos y aventuras...

Mi vocación en realidad era servir a Dios pero algo en mi interior, después de viajar por Europa a los 16 años, hizo que cambiara de opnión y vi con otros ojos la realidad de esta vida.

En la actualidad tengo 15 años de casada y una super hija, una niña inteligente, gran lectora y una incipiente investigadora, de la que espero sea una super profesionista. Trabajo en la uni del movimiento antorchista y hasta hoy le doy gracias a mis maestros, desde las del kinder hasta los de ciencias, por los regaños y tareas extremas, porque de ellos aprendí lo que en realidad un estudiante debe saber para poder enfrentar el campo profesionista.

jueves, 23 de abril de 2009

“¿O su esposa o su hija?”





(Circe y Tito)


“¿O su esposa o su hija?”, le dijeron a mi jefe, pero las dos nos salvamos. Quién iba a pensar que varios años después nos dejaría a las dos por voluntad propia, ja.

Pese al par de amenazas de aborto y la preclampsia que sufrió mi jechu, salí de mi bolsita amniótica a los 8 meses del regalo de cumpleaños de mi papá, según mis cálculos; de algunos cuantos centímetros y poco más de dos kilos, pero salí, a huevo. Desde entonces todo ha estado mal.

Son muchas las cosas que recuerdo de mi infancia, pero pocas de ellas son agradables, la neta. Por ejemplo, recuerdo que mis primos y yo nos cenábamos nuestro choco en la casa de mi abuelita mientras veíamos María la del Barrio (¡¿?!). O que mi papá me llevaba a “La Quemazón” y yo me robaba cosas; nunca faltaba que rompiera frascos de Nutella, mayonesa o cosas por el estilo. Nosotros rentábamos algunos cuartos de la casa en que vivíamos, y yo me iba al cuarto del Sr. Solís para agandallarme sus aceitunas, al cuarto de Don Jorge para agarrar ilícitamente sus galletas o al de Flor para que me pintara la boca y me peinara. De este estilo son los recuerdos positivos que tengo de aquella época.

Yo no era una niña sociable, ni tampoco era de las excluidas. Yo me excluía de todos porque así lo quería.

El niñito dios nunca me traía lo que le pedía, el ratón Pérez que se llevaba mis dientes siempre estaba en crisis económica y nunca me dejaba nada. Cuando eran fiestas de disfraces, mi mamá me ponía una estrellita en la frente y un antifaz, eso era todo. Cuando íbamos con el tío Jaime para jugar con él y sus hijos un fucho, a mí siempre me tocaban los balonazos. Yo era una niña muy nerviosa que se hacía pipí y a mi hermano le encantaba esconderse en donde fuera cuando salíamos con nuestros papás a pasear. Ya se imaginarán cómo me ponía cuando se le ocurría hacer sus travesuras.

Por cierto, mi hermano y yo éramos muy violentos. No nos llevábamos nada bien y creo que algo queda de eso. Cuando nos enojábamos nos dábamos patadas, nos aventábamos tenedres y, si por casualidad habíamos visto Beetle Juice –caricatura por la cual nos quitaron el cable-, también salían volando cuchillos.

Para efectos de este relato le pregunté a mi mamá lo que recordaba de cuando yo era niña, y ella tampoco se acordó de mi infancia: “Hijole, Pao —porque me dice Pao—, se me hace que ya no me acuerdo… pero lo que sí es que te metías frijoles en la nariz, y tu papá, o ese señor que dice ser tu padre y yo no nos dábamos cuenta hasta que empezabas a oler raro, y entonces te teníamos que llevar arrastrando con el pediatra, porque también eras muy chillona”.

Mi mamá no me peinaba, me vestía como niño —véase la foto— …en fin, mi infancia no fue una época mejor que la de ahora, y la de ahora tampoco es mejor que aquellos años.

Y para concluir, sólo adicionaré –apelando a su imaginación— un “tan tán” de sonoridad triste.

Circe Vela
¡Pásele a lo barrido!

miércoles, 22 de abril de 2009

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(tomado de nubes rojas, muy recomendable, gracias a Luda por el tip)


La infancia es irreversible
como lo es el azar de nacer,
de encontrarse con otros
y el de perderlos.

domingo, 19 de abril de 2009

Mono y Beticos



Los amores niños de Blanquita son dos:
Mono, su hermano menor y Beto, su sobrino, hijo de Vicky.

A Mono lo apodó su papá así por su guapeza comparada con un muñeco de "sololoy" y desde pequeño ha tenido gran afinidad con Blanca, experimentan una especie de telepatía como la de los gemelos, si a uno le pasa una cosa importante, el otro la siente.


Beticos, así lo llama la tía, él, es encantador y ocurrente, desde niño le prodigó felicidad y compañía en su soledad maternal.

Ambos, Beticos y Mono, divertidos, amorosos, caballeros de los que ya no hay, cuando están con Blanquita es una gran celebración".

El descubrimiento del azúcar según Tavito - Jeanne Karen

Sus cuatro feroces dientes  vigilan desde su boca  El tarro de azúcar  baila sobre la mesa  Su mano  lo azota contra el piso  Ya inerte  ent...